¿Cómo decir esto?



¿Cómo decir esto?, ¿cómo contarlo?, ¿cómo narrar eso que nos resulta tan próximo? Borges escribió: Un hombre se propone la tarea de dibujar el mundo. A lo largo de los años, puebla un espacio con imágenes de provincias, de reinos, de montañas, de bahías, de naves, de islas, de peces, de habitaciones, de instrumentos, de astros, de caballos y de personas. Poco antes de morir descubre que ese paciente laberinto de líneas traza la imagen de su cara.



Se hace difícil hablar de esta isla sin que aparezca esé rostro, el mismo, el nuestro.

 

Cómo contar la isla sin que el que escuche piense que entre nuestras palabras no cabe otra cosa que no sea el amor de un individuo trasnochado, que ha perdido el juicio por un exceso de localismo y que, en su locura, invalida e ignora las narraciones que proceden del otro, de afuera, de más allí.

 

Cómo contarlo a alguien sin que se nos maliuterprete que encontramos oIero paralelisno entre este relato de Braudillard y la isla de Lanzarote: «A principios de los años 80, cuando la metalurgia lorenesa entró en crisis definitiva, las administraciones públicas tuvieron la idea de paliar la ruina creando un parque europeo del ocio un parque temático “inteligente” destinado a reanimar la región. Recibió el nombre de país de los pitufos. El director de la siderurgia desaparecida se convirtió, con toda naturalidad, en el director del parque de atracciones, y los metalúrgicos desocupados, readmitidos como pitufos. 

Desgraciadamente, cuando también el parque, por varias razones, tuvo que cerrar las puertas, los ex metalúrgicos convertidos en pitufos se volvieron a ver si, trabajo. Triste destino que, después de haberlos hecho víctimas reales del trabajo, loe convirtió en trabajadores fantasmas del ocio, para transformaios en parados de ambos”. Lanzarote se ha convertido en una isla representada que simula una vida, que sólo cobra sentido en el tiempo que las guaguas-taur están en servicio. Una isla que representa una isla que representa una isla.



En ocasiones, con Pepe Vera nos hemos hecho la misma pregunta: ¿Es posible que pueda haber vida en un parque temático? Una vida anónima, sencilla, habitada por don nadies, polifónica, una vida que no esté teledirigida ni respanda a los eslóganes de promoción turística, que se desarrolle míe allá. del simulacro, entre los bastidores de las escenografías, y si la hubiera.



¿Es posible que Pepe haya podido atrapar en un instante fugaz algo que dé fe de su existencia en la desconselada tristeza de sus putas maltratadas, entre las huellas y las jeringuillas del fango, entre los apresurados restos de ls naufragios, entre las imágenes de un presente que se superpone a la memoria creando un rompecabezas con el que recomponer la prueba irrefutable?



Puede que esa vida por la que nos preguntamos esté emparedada entre esas arquitecturas. En todo caso, la respuesta, si la hubiera, sería diversa, tendría muchos rostros. Puede que algunos hayan quedado atrapados en estas fotografías.

 

¿Cómo decir esto?. Extracto del texto de Juan Gopar para el catálogo de la serie.